30
Sep
07

[Entrevista] Revista R. Stone

 

El viernes 8 de abril de 1994, en su casa de Seattle, fue encontrado el cadáver de Kurt Cobain, cantante y guitarrista de Nirvana. Tenía sobre el pecho la escopeta calibre 20 con la que puso fin a su vida. Tres meses antes, el 27 de enero, ROLLING STONE le había realizado este reportaje revelador. Millones de álbumes vendidos, algunas canciones que interpretaron el sentimiento de una generación y una muerte trágica a los 27 años; ingredientes básicos que convirtieron a la estrella del grunge en, quizá, la última gran leyenda del rock.
- Por David Fricke.

 

Kurt Cobain, despeinado y con el torso desnudo, se detiene en la escalera del backstage que lo lleva al camarín de Nirvana, le ofrece a un visitante un sorbo de su té posrecital y, con voz indiferente y distante, dice: “Me alegra mucho que hayas podido venir al show más horrible de la gira”.

 

Tiene razón. Esta noche -la segunda y última presentación de Nirvana en el Aragon Ballroom de Chicago- salió realmente para el diablo. Hace apenas una semana que el grupo empezó su gira norteamericana, la primera que emprende en dos años.

El sonido cavernoso de la sala logró que hasta torpedos corrosivos como “Breed” y “Territorial Pissings” sonaran como bolas de riffs, y Cobain se vio acosado toda la noche por problemas con los monitores de la guitarra y de la voz. Hubo, sin embargo, momentos de excelencia: cuando el aullido áspero de Cobain atravesó el eco profundo del Aragon en el estribillo tenso y explosivo de “Heart-Shaped Box” o cuando Pat Smear (ex Germs), guitarrista invitado de la gira, contribuyó con su rasgueo fervoroso en la versión corta e impresionante de “Sliver”. Pero no tocaron “Smells Like Teen Spirit”. Y cuando se encendieron las luces, el volumen de los abucheos subió. Condicionado por el mito que la prensa mantiene acerca del líder de Nirvana -”un esquizofrénico molesto, quejoso y boleado” como bien resume él mismo-, esperaba que Cobain echara al sonidista, cancelase esta entrevista y se encerrara malhumorado en la habitación del hotel. Pero no fue así. El cantante y guitarrista de 26 años pasa sus momentos de descanso en el backstage dedicándose a su hija de un año, Frances Bean Cobain, una rubiecita hermosa que corretea por la sala mientras sonríe a todo aquel que se le cruce. Más tarde, ya de regreso en el hotel (donde se aprovisionó con nada más que un atado de cigarrillos y dos botellas de agua mineral del minibar), Cobain está con ánimo meditabundo y se esfuerza por explicar que, en realidad, el éxito no es una porquería -al menos no tanto como antes- y que su vida es muy buena. Cada vez mejor.

Con voz soñolienta y ronca recuerda la primera crisis de confianza que tuvo después del éxito incontrolable de Nevermind: “Fue tan rápida y explosiva”, dice, “que no pude manejarla. Si existiera algún curso para aprender a ser estrella de rock, me habría gustado inscribirme. Tal vez me habría ayudado”.

“Todavía leo esas descripciones de estrellas de rock en alguna revista: y “, comenta. “Y nunca en mi vida fui tan feliz como ahora. En especial esta semana, porque los conciertos vienen saliendo muy bien, salvo el de hoy. Soy mucho más feliz de lo que muchos creen”.

Durante 1993, Cobain hizo algunos desvíos largos y difíciles para llegar adonde está. Mientras Nirvana grababa In Utero, su tan esperado trabajo de estudio después de Nevermind, hubo muchos cambios de último momento en los títulos y en los temas. También una discusión pública entre el grupo, su sello discográfico -DGC- y el productor Steve Albini acerca del potencial comercial que tenía (o no) el disco. El matrimonio de Cobain y la cantante punk-noir Courtney Love, del grupo Hole (que les viene como anillo al dedo a los chismosos del rock desde que la pareja se casó, en febrero de 1992), volvió a aparecer en los medios en junio de 1993, cuando la policía de Seattle arrestó a Cobain por un supuesto ataque contra Love durante una pelea doméstica. La policía encontró tres armas de fuego en la casa, pero no hubo denuncia y el caso fue cerrado.

También en 1993, Cobain admitió que, tal como se rumoreaba desde hacía tiempo, era adicto a la heroína, y afirmó que la consumía -al menos en parte- para calmar sus fuertes dolores crónicos de estómago. O, como prefiere explicarlo en esta entrevista, “para medicarme”. Pero ya no la consume más, asegura, y agrega que, gracias a una nueva medicación y a una dieta mejor, su aparato digestivo está recuperándose.

Pero los orígenes de su desasosiego, tanto público como personal, se remontan a algo mucho más distante. El músico nació cerca de Aberdeen (Washington), un pueblo de taladores, y -al igual que el bajista de Nirvana, Krist Novoselic, el baterista Dave Grohl y un alto porcentaje de los jóvenes seguidores del grupo- viene de una familia desmembrada: su padre, mecánico de autos, y su madre, secretaria, se divorciaron cuando él tenía 8 años.

A temprana edad, Cobain aspiraba a ser artista publicitario; de hecho, ganó unos cuantos concursos de arte en el colegio secundario. (Actualmente diseña gran parte de la artística de Nirvana; hizo el collage del feto de plástico que aparece en la contratapa de In Utero, por el cual Kmart y Wal-Mart prohibieron el disco.) No obstante, después del colegio, Cobain dejó de lado una beca para una escuela de arte y se dedicó a la vagancia adolescente: trabajaba (cuando le daba por trabajar) como plomo con los Melvins, una banda punk de su pueblo, y pasaba su tiempo componiendo canciones.

“Nunca quise cantar”, insiste ahora. “Lo que quería era tocar la guitarra rítmica: quedarme oculto detrás del resto, tocar y nada más. Pero durante esos años del colegio secundario en los que tocaba la guitarra en mi habitación, al menos tuve la intuición de que tenía que componer mis propios temas”.

Durante mucho tiempo, una vez que los Nirvana pasaron de tener un contrato con el sello menor Sub Pop a catapultarse como superdioses del grunge -en 1994 ganaron los premios a Mejor Grupo y a Mejor Álbum en la Escuela de Críticos de ROLLING STONE-, a Cobain le costó decidir si su talento era una bendición o una maldición. Finalmente terminó por darse cuenta que es ambas cosas a la vez. Le molesta que lo consideren más un ídolo que un cantautor, aunque teme que In Utero marque el final del sonido típico de Nirvana cristalizado en “Smells Like Teen Spirit”. Cobain sigue desconfiando totalmente de la industria musical, pero comenta que dio un giro de 180 grados respecto de su actitud hacia las masas de aspirantes a punks que siguen a Nirvana. “Ahora no los juzgo tanto como antes”, explica, casi como si pidiera perdón. “Acepté por qué ellos están ahí y por qué nosotros estamos acá. Ya no me molesta ver a un cavernícola con bigotes, loco, borracho, cantando cuando tocamos . Ahora eso me da vuelta la cabeza”.

“Me liberé de muchas presiones durante este último año y medio, cuenta Cobain, y el alivio se le oye en la voz. “Todavía sigo un poco asombrado”, dice, y pasa a enumerar aquellas cosas que lo satisfacen: “Editar este disco. Mi familia. Mi hija. Juntarme con William Burroughs y grabar un disco con él. Son cositas que nadie reconocería ni consideraría importantes. Y todo tiene mucho que ver con esta banda. Si no fuera por este grupo, jamás se habrían dado esas cosas. Estoy muy agradecido, y cada mes llego a conclusiones más optimistas.” “Lo único que espero”, agrega con una sonrisa, “es que tanta dicha no me aburra. Creo que siempre seré lo suficientemente neurótico como para hacer algo extraño”.

-Además de todo lo que salió mal en el recital de hoy, no tocaron “Smells Like Teen Spirit”. ¿Por qué?

-Tocar ese tema hubiera sido la gota que colmara el vaso (sonrisa de desagrado. Todo habría sido dos veces peor que lo que fue. Ni siquiera me acuerdo del solo de guitarra de “Teen Spirit”. Tardaría cinco minutos en sentarme y aprenderlo, pero no me interesan esas cosas. No sé si de tan holgazán que ya no me importa o qué. Todavía me gusta hacer “Teen Spirit”, pero es casi una vergüenza tocarlo.

-¿En qué sentido? ¿Todavía te molesta el enorme éxito que tuvo?

-Sí. Todo el mundo hizo mucho hincapié en esa canción. Produce una reacción fuerte, porque la gente la vio por MTV un millón de veces. Les martillaron el cerebro con ese tema. Pero me parece que escribí muchos otros que son tan buenos como ése, si no mejores, como “Drain You”. Ese es, sin duda, tan bueno como “Teen Spirit”. Me encanta la letra, y nunca me canso de tocarlo. Tal vez si tuviera tanto éxito como “Teen Spirit” no me gustaría tanto. Pero no puedo, sobre todo en un recital malo como el de hoy, hacer el esfuerzo de tocar “Teen Spirit”. Literalmente, quiero tirar la guitarra al piso e irme. No puedo fingir que lo paso bien cuando hago ese tema.

-Pero lo habrás pasado bien cuando lo escribiste.

-Habíamos ensayado durante unos tres meses. Estábamos esperando el momento de firmar contrato con DGC, y Dave (Grohl) y yo vivíamos en Olimpia (Washington), y Krist (Novoselic) vivía en Tacoma (Washington. Viajábamos a Tacoma todas las noches para ensayar y tratábamos de componer canciones. Yo intentaba de escribir la canción pop por excelencia. Más que nada, trataba de robar cosas de los Pixies. Tengo que admitirlo (sonrisas. La primera vez que escuché a los Pixies me sentí tan identificado que tendría que haber formado parte de ese grupo, o por lo menos, de una banda que hiciera cobres de ellos. Tomamos su sentido de la dinámica: una parte suave y tranquila, y después otra fuerte y potente.

El riff de “Teen Spirit” era un rotundo cliché. Se parecía a un riff de Boston o a “Louie Louie”. Cuando se me ocurrió la parte de la guitarra, Krist me miró y dijo: “Qué ridículo”. Hice que el grupo la tocara durante una hora y media.

- ¿De dónde salió el verso “Aquí estamos, entreténgannos?”

- Eso decía yo, para romper el hielo, cada vez que llegaba a una fiesta. Muchas veces, cuando estás parado con gente en un lugar, hay una onda muy aburrida e incómoda. Entonces decía: “Bueno, aquí estamos, entreténgannos. Ustedes nos invitaron”.

-¿Qué sentiste cuando algo que escribiste en broma, como homenaje a uno de tus grupos preferidos, se convirtió en el himno nacional del grunge?

- En realidad, por un tiempo tuvimos lo nuestro. Durante unos años, en Seattle fue el Verano del Amor, y estuvo bárbaro. Poder saltar y caer encima del público con la guitarra y que me sostuvieran y me pasearan hasta el fondo de la sala y después me volvieran a llevar al escenario sin hacerme daño… Era una celebración de algo que nadie podía definir.

Pero cuando pasó a ser de consumo masivo, se terminó. Y me cansé que me diera vergüenza. Estoy más allá de eso.

- Esta es la primera gira por los Estados Unidos que hacen desde el otoño (boreal) del 91, justo antes de que estallara Nevermind. ¿Por qué tardaron tanto en volver a salir de gira?

-Necesitaba tiempo para poner la mente en orden y reacomodarme. Fue un choque muy fuerte para mí, y tenía la impresión de que en realidad necesitaba salir de gira porque ganaba un montón de plata. Millones de dólares. Ocho a diez millones de discos vendidos: me parecía muchísima plata. Así que decidí tomármelo con calma y disfrutarla.

No quiero ponerlo como excusa -además el tema salió demasiadas veces-, pero el problema que tengo en el estómago es una de las principales limitaciones que nos impidieron hacer giras. Estuve mucho tiempo con eso. Pero después de sentir dolor crónico durante cinco años, cuando termina ese quinto año, estás literalmente loco. Yo no podía resolver nada. Estaba más esquizofrénico que un gato mojado cuando lo muelen a palos.

-¿En qué medida crees que canalizaste ese dolor físico en tus composiciones?

-Esa pregunta da miedo porque, obviamente, si una persona sufre algún tipo de problemas en su vida, por lo común eso se ve reflejado en la música, y a veces es muy beneficioso. Creo que es probable que haya ayudado. Pero daría cualquier cosa por estar bien de salud. Quería dar esta entrevista después de haber estado de gira un tiempo; hasta ahora, esta fue la gira que más disfruté en mi vida. En serio.

No tiene nada que ver con que los recitales se hagan en lugares más grandes ni con que la gente nos chupe más el culo. Sucede que ya no me duele el estómago. Y ahora como. Ayer a la noche me comí una pizza enorme. Fue magnífico poder hacer eso. Y me levanta el ánimo. Pero, por otra parte, siempre tuve miedo a no ser tan creativo si perdía el problema del estómago. ¿Quién sabe? (Silencio) En este momento no tengo ninguna canción nueva.

Hasta ahora, de las sesiones de cada disco que hicimos, siempre nos sobraron entre uno y tres temas. Y en general fueron canciones muy buenas que nos gustaban mucho, así que siempre tuvimos algo en qué confiar: un hit o algo superior a la media. Así que el próximo disco va a ser muy interesante, ya que no me quedó nada de nada. Es la primera vez que empiezo de cero. No sé qué vamos a hacer.

-Uno de los temas que sacaste de In Utero a último minuto fue “I Hate Myself an I Want to Die” (Me odio y quiero morir. ¿Cuánto tenía de literal?

-Lo mismo que tiene de literal un chiste. Nada más que un chiste. Y en parte por eso decidimos dejarlo fuera. Sabíamos que la gente no se iba a dar cuenta; se lo iban a tomar demasiado en serio. Era totalmente satírico, una burla a nosotros mismos. Me consideran un esquizofrénico molesto, quejoso y boleado que se quiere suicidar todo el tiempo. “Nada lo satisface”. Y me pareció un título gracioso. Durante mucho tiempo quise usarlo como título del disco, pero sabía que la mayoría de la gente no lo iba a entender.

-¿Alguna vez te consumió la angustia, el dolor o la furia a tal punto que hayas querido suicidarte?

-Durante cinco años, mientras tenía el problema del estómago, sí. Me quería suicidar todos los días. Muchas veces estuve muy cerca. Perdón por decirlo de manera tan directa. Llegué al extremo de estar de gira, acostado en el piso, vomitando aire porque mi estómago rechazaba el agua. Y después, en 20 minutos, tenía que dar un recital. Cantaba y tosía sangre.

Eso no es vida. Me encanta hacer música, pero había algo que estaba mal. Así que decidí medicarme.

-De todos modos, aunque sea una sátira, una canción como esa puede ser delicada. Hay muchos chicos que, sea por el motivo que fuere, tienen tendencias suicidas.

-Eso define bastante a nuestro grupo. Es esas dos contradicciones: es satírico y serio a la vez.

-¿Qué tipo de cartas reciben hoy de sus admiradores?

-(Silencio prolongado) Antes me la pasaba leyendo cartas y estaba muy metido con eso. Pero estuve tan ocupado con este disco, el video, la gira, que ni siquiera me tomé la molestia de mirar una sola carta, y me siento muy mal por eso. Ni siquiera pude juntar la energía suficiente para sacar nuestro fanzine, que era una de las cosas que íbamos a hacer para combatir los comentarios desfavorables, para poder mostrar un aspecto más realista del grupo.

Pero es muy difícil. Tengo que reconocer que terminé haciendo lo mismo que hacen -o se ven obligados a hacer- otras estrellas del rock. Es decir, no poder contestar las cartas, no poder estar al día con la música actual; estoy encerrado. El mundo exterior me resulta bastante ajeno.

Siento que tengo mucha, mucha suerte de poder ir a un boliche. Hace poco tuvimos una noche libre en Kansas City, Missouri, y Pat (Smear) y yo no teníamos la menor idea de dónde estábamos ni adonde podíamos ir. Entonces llamamos a la radio universitaria de la ciudad y preguntamos que había para hacer. ¡Y no sabían! Así que entramos por casualidad en un bar, y estaban tocando los Treepeople, de Seattle.

Y resultó que conocí a tres personas muy, muy agradables, chicos con muy buena onda, que tocaban en grupos. Lo pasé bárbaro con ellos, toda la noche. Los invité al hotel y se quedaron ahí. Pedí que les llevaran servicio de habitación; tal vez me pasé de rosca por tratar de ser servicial, pero fue estupendo saber que todavía puedo hacer esas cosas, que todavía puedo encontrar amigos.

Y no me parecía que fuera posible. Hace unos años estábamos tocando en un boliche de Detroit y aparecieron unas diez personas. Al lado había un bar. Allí entró Axl Roses con diez o quince guardaespaldas. Era un despliegue escénico enorme; toda la gente lo adulaba. Si hubiera entrado solo, no habría sido nada del otro mundo. Pero él quería eso. Uno genera atención para recibir atención.

-¿Qué piensas de Pearl Jam actualmente? Circularon rumores de que tu y Eddie Vedder iban a estar juntos en esa tapa de la revista “Time”.

-No quiero hablar de eso. Una de las cosas que aprendí es que atacar a los demás no me sirve de nada. Todo fue una pena, porque el problema de la enemistad entre Pearl Jam y Nirvana duró mucho tiempo y está a un paso de solucionarse.

-Nunca quedó del todo claro de qué se trató la enemistad con Vedder

-Es que nunca existió. Hablé mal de ellos porque no me gustaba el grupo. En ese entonces no conocía a Eddie. Fue mi culpa; tendría que haber hablado mal de la compañía discográfica y no de ellos. Los comercializaron, probablemente no contra la voluntad de ellos pero sí haciéndolos penderse en la movida del grunge sin que se dieran cuenta.

-¿No sientes empatía con ellos? Sufrieron tanta presión como ustedes con respecto al disco siguiente al que los catapultó a ala fama.

-Sí, siento empatía. Sólo que estoy seguro de que ellos no se mataron por desafiar a su público tanto como nosotros con este disco. Son un grupo de rock seguro. Son un grupo de rock agradable que gusta a todos (Risas) ¡Dios mío!, otras veces tuve en la cabeza frases mucho mejores sobre el tema.

Me irrita un poco saber que trabajamos como burros de carga para hacer todo un disco con canciones que son lo mejor que podemos lograr. Voy a alimentar mi ego diciendo que somos mejores que muchas otras bandas que andan dando vueltas. Me di cuanta de que en un disco necesitas apenas un par de canciones pegadizas, y el resto puede ser cualquier cagada afanada de Bad Company, y no importa. Si yo fuese astuto, me habría guardado la mayoría de los temas de Nevermind para ir sacándolos con cuentagotas durante un lapso de quince años. Pero no puedo. Todos los discos que me gustaron en mi vida fueron obras que ofrecían una canción excelente atrás de otra: Rocks, de Aerosmith; Never Mind the Bollocks, de los Sex Pistols…; Led Zeppelín II; Back in Black, de AC/DC.

-También te declaraste un gran admirador de Los Beatles.

-Ah, sí. John Lennon era sin lugar a duda mi beatle preferido, definitivamente. No sé qué parte escribió cada uno de las canciones de Los Beatles, pero Paul McCartney me da vergüenza ajena. Era obvio que Lennon estaba desequilibrado (risas). Así que ahí encontré un punto de contacto.

Y por lo que leí en los libros -y eso que soy muy escéptico con respecto a lo que leo, particularmente en libros de rock-, me dio mucha lástima Lennon. Estar encerrado en ese departamento. Aunque estaba perdidamente enamorado de Yoko y de su hijo, su vida era una cárcel. Estaba preso. No es justo. Ese es el quid del problema que tengo con la fama: el modo que tiene la gente de tratar a los famosos. Hay que cambiar eso; es necesario.

Por más que te esfuerces, suena como si te estuvieras quejando. Entiendo cómo pude ser que una persona se sienta así y casi se obsesione con eso. Pero es muy difícil convencer a la gente de que afloje. Paren la mano, respeten un poco. Todos cagamos igual (risas).

-Es posible que In Utero sea el disco más esperado, comentado y discutido de 1993. ¿No sentiste en algún momento, durante todos los cambios de título y el alboroto que armó Steve Albini en los medios, que todo empezaba a ser una estupidez? Al fin y al cabo, no es más que un disco.

-Sí, pero estoy acostumbrado (risas). Mientras grabábamos el disco, eso no pasaba. Se hizo muy rápido. Todas las pistas básicas se terminaron en una semana. Y yo hice el ochenta por ciento de las voces en un día: en unas siete horas. Justo enganché bien. Era un buen día para mí, y seguí de corrido.

-¿Y cuál fue el problema?

-No fueron las canciones. Fue la producción. Tardamos muchísimo en descubrir cuál era el problema. No nos dábamos cuenta. No teníamos la menor idea que por qué no sentíamos la misma energía que teníamos con Nevermind. Al final llegamos a la conclusión de que las voces necesitaban más volumen y que el bajo era totalmente inaudible. No oíamos ni media nota de lo que tocaba Krist.

Me parece que algunas canciones de In Utero podrían haber quedado un poquito más limpias. Sin lugar a duda, “Pennyroyal Tea”. Esa no está bien grabada. Tiene algún problema. Habría que haberla grabado como Nevermind, porque estoy seguro que es una canción fuerte, un hit. Estamos dándole vueltas a la idea de regrabarla o remezclarla.

Es una lotería. Es muy extraño lo de este disco. Nunca en mi vida estuve tan confundido, pero al mismo tiempo nunca estuve tan satisfecho con lo que hacía.

- Hablemos de tus composiciones. Tus mejores temas -”Teen Spirit”, “Come As You Are”,”Rape Me”, “Pennyroyal Tea”- siempre tienen una primera parte aplacada y taciturna. Después viene es estribillo a todo volumen y te noquea. ¿Qué haces primero: la primera parte o el estribillo matador?

- (Silencio prolongado y luego sonrisa) No sé. La verdad es que no sé. Supongo que empiezo con la primera parte y después paso al estribillo. Pero me estoy cansando de esa fórmula. Y es una fórmula. Y no da para mucho. Nos está cansando bastante a todos.

Es un estilo dinámico. Pero uso solamente dos de las dinámicas, y podría usar muchas más. Krist, Dave y yo trabajamos con esa fórmula desde hace tanto tiempo -la de ir de lo tranquilo a lo fuerte- que literalmente nos está empezando a aburrir. Es como decir: “Bueno, tengo este riff. Lo voy a tocar tranquilo, sin distorsión, mientras canto la primera parte. Y ahora agreguémosle distorsión y toquemos más fuerte la batería”.

Quiero aprender a variar entre las dos cosas, ir y volver; en cierto sentido, casi hacerme psicodélico, pero con mucha más estructura. Es muy difícil, y no sé si, como músicos, somos capaces de hacer eso.

- Hay canciones, como “Dumb” y “All Apologies”, que sugieren que ustedes están buscando un modo de llegar a la gente sin recurrir al efecto de la guitarra explosiva.

-Totalmente. Ojalá hubiéramos podido escribir algunas canciones más como esas para todos los otros discos. Incluso, poner “About A Girl” en Bleach fue un riesgo. Yo estaba muy metido con el pop, me encantaba R.E.M. y me gustaba todo lo que fuese música de los 60. pero había mucha presión en ese ambiente social, el underground; una presión parecida a la que uno siente en el colegio secundario. Y, en ese ambiente, poner en un disco de grunge una canción pop, discordante, al estilo R.E.M., fue arriesgado.

Hasta ahora no logramos mostrar el aspecto más suave y dinámico de nuestro grupo. El sonido potente de la guitarra es lo que quieren escuchar los chicos. Nos gusta tocar eso, pero no sé por cuanto tiempo más voy a poder gritar con todas mis fuerzas noche tras noche durante un año entero de giras. A veces me gustaría haber seguido el camino de Bob Dylan, para cantar canciones que no me dejaran sin voz todas las noches, y poder así, si quisiera, desarrollar una trayectoria.

- ¿Y eso qué significa para el futuro de Nirvana?

- Es imposible que prediga el futuro y asegure que voy a poder tocar las canciones de Nirvana dentro de diez años. De ninguna manera. No quiero tener que recurrir a lo que hace Eric Clapton. No por despreciarlo, en absoluto; le tengo un respeto enorme. Pero no quisiera tener que cambiar las canciones para que se adapten a mi edad (risas).

- La canción de In Utero que desató más controversia es “Rape Me”. Tiene un gancho espectacular, pero hubo objeciones al título y a la letra, no solo por parte de musicalizadores de radio temerosos, sino también por algunas mujeres que consideran irrespetuoso que un hombre use con esa libertad una palabra tan fuerte y provocativa.

- Entiendo ese punto de vista y lo escuché en muchas oportunidades. Oscilé varias veces entre arrepentirme y tratar de defenderme. En esencia, traté de escribir un tema que apoyara a las mujeres y tratase el tema de la violación. En estos últimos años, a la gente le costó tanto entender nuestro mensaje, lo que tratamos de transmitir, que decidí ser lo más atrevido posible. ¿Con cuánta fuerza tengo que arremeter con esta idea? ¿De qué tamaño tienen que ser las letras? No es una imagen agradable. Pero una mujer que sufre una violación, que está furiosa por la situación… es como si dijera : “Dale, viólame, sigue adelante, porque ya vas a ver”. Yo creo fervorosamente en el karma, y ese hijo de puta al final va a tener su merecido. Lo van a agarrar, va a ir a la cárcel y lo van a violar a él. “Así que viólame, sí dale de una vez. Porque te va a pasar algo peor”.

- ¿Qué le pareció la canción a Courtney, tu esposa, cuando la escucho?

- Creo que entendió. Es probable que a ella se la halla explicado mejor de lo que te la expliqué a ti. Además, quiero dejar en claro que realmente, honestamente, no busque desatar ninguna controversia con esa canción. Era lo último que quería. No queríamos editarla con el propósito de que los padres se enojaran ni para que las feministas nos rompieran las pelotas, ni nada de eso. Yo desprecio totalmente a cualquiera que pueda hacer algo así (a una mujer). Es mi forma de decir: “Hácelo una vez y quizás te salgas con la tuya. Hácelo cien veces. Pero ya vas a ver”.

- Cuando te arrestaron este verano por la denuncia de violencia doméstica, Courtney reconoció ante la policía que tenías armas de fuego en tu casa. ¿Por qué sientes que las necesitas?.

- Me gustan las armas. Disfruto cuando tiro.

- ¿Dónde? ¿A qué le tiras?

- (Risas) Cuando salimos al bosque; a una línea de tiro. No es una línea de tiro oficial, pero en este condado está permitido considerarla así. Hay un acantilado bien grande, así que no hay posibilidades de tirar por encima del acantilado y lastimar a alguien. Y no hay nadie en kilómetros a la redonda.

- Sin intenciones de ponerme muy políticamente correcto, ¿no te parece peligroso tenerlas en tu casa, en especial por tu hija, Frances?

- No. Es por protección. Yo no tengo guardaespaldas. A algunas personas muchísimo menos famosas que yo o que Courtney las acechan y las asesinan. O puede ser que justo entre alguien que busque una casa para robar. Tenemos un sistema de seguridad. De hecho, tengo un arma cargada, pero está en un lugar seguro, en un armario, bien arriba, en un estante al que Frances no puede llegar nunca.

Y tengo una M-16, con la que me divierte tirar. Es el único deporte que me gusta. No es que esté obsesionado ni que sea permisivo al respecto. En realidad, no pienso mucho en este tema.

- ¿Qué opina Courtney de tener armas en tu casa?

- Ella estaba conmigo cuando la compré. Te digo una cosa: yo no soy muy violento. No podría hacerle frente a alguien que entrara con un revolver o con un cuchillo. Pero tampoco me voy a quedar parado mirando cómo matan a puñaladas o violan a mi familia. Si alguien hiciera eso, le volaría la cabeza sin pensarlo dos veces. Es por motivos de protección. Y a veces es divertido salir a tirar. (Silencio) Tiro al blanco. Que quede claro (risas).

- Por lo general se supone que alguien que vendió unos cuantos millones de discos vive realmente a lo grande. ¿Eres muy rico? ¿Te sientes muy rico? Se dijo que querías comprarte una casa nueva para instalar un estudio, pero tu contador te dijo que no te alcanzaba la plata.

- Es verdad, no me alcanza. Hace poco me dieron un cheque por unas regalías de Nevermind, que es por bastante plata. Pero es extraño, muy extraño. Cuando vendíamos un montón de discos durante la época de Nevermind, pensaba: “¡Dios mío! Voy a tener 10 millones, 15 millones de dólares”. Y no es así. No vivimos a lo grande. Yo sigo comiendo fideos con queso marca Kraft, porque me gustan y estoy acostumbrado. No derrochamos.

No culpo a los chicos si creen que alguien que vende 10 millones de discos es millonario y tiene solucionada la vida. Pero no es así. El año pasado gasté un millón de dólares y no tengo la menor idea de cómo lo hice. En serio. Compré una casa de 400 mil dólares. Pagué 300 mil y pico de impuestos. ¿Qué más? Le presté algo de plata a mi mamá. Me compré un auto. Y listo.

- No tienes mucho para mostrar por el millón que gastaste.

- Es impresionante. Uno de los dos principales motivos por los que no salimos de gira cuando Nevermind tenía tanto éxito en los Estados Unidos fue porque pensé: “Al carajo. ¿Por qué voy a salir de gira? Tengo dolor de estómago crónico. Tal vez me muera mientras estoy de gira. Estoy vendiendo un montón de discos. Con un millón de dólares puedo vivir por el resto de mis días”. Pero ni siquiera tiene sentido tratar de explicárselo a un chico de 15 años. Yo nunca lo habría creído.

- ¿Te preocupa el impacto que tiene sobre Frances tu trabajo, tu estilo de vida y tu lucha contra la fama? Hoy parecía de lo más satisfecha dando vueltas por el vestuario, pero supongo que para ella es un mundo raro.

- Estoy bastante preocupado por eso. Al parecer, siente atracción por cualquiera. Quiere a cualquiera. Y me pone triste saber que va de acá para allá. Tenemos dos niñeras: una permanente y otra mujer mayor que la cuida los fines de semana. Pero cuando la llevamos de gira, está con gente todo el tiempo y no va muy seguido a la plaza. Hacemos todo lo que podemos; la llevamos a cosas para niños. Pero este es un mundo completamente distinto.

- En “Serve the Servants” cantas: “Traté de tener un padre / pero en cambio tuve un papá”. ¿Te preocupa cometer los mismos errores como padre que los que pueden haber cometido contigo cuando eras niño?

- No. Eso no me preocupa en absoluto. Mi padre y yo somos personas muy distintas; sé que soy capaz de demostrar muchísimo más afecto que mi papá. Incluso si Courtney y yo llegáramos a divorciarnos, yo nunca permitiría que delante de Frances viviéramos una situación donde hubiese mala onda entre nosotros. Esas cosas le pueden joder la vida a un niño, pero suceden porque los padres no son muy inteligentes.

No creo que Courtney y yo estemos tan hechos mierda. Toda la vida nos faltó amor, y lo necesitamos tanto que si algún objetivo tenemos, ése es darle a Frances todo el amor que podamos, todo el apoyo que podamos. Es lo único que sé que no va a salir mal.

-¿Cómo fueron las relaciones entre los integrantes de Nirvana durante este último año?

-Cuando yo tomaba droga, muy malas. No había comunicación. Krist y Dave no entendían el problema con la droga. Nunca habían tocado las drogas. Para ellos la heroína era lo mismo que había sido para mí antes de empezar a consumirla. Era muy, pero muy triste. No hablábamos mucho. Ellos pensaban lo peor, como la mayoría de la gente, y no los culpo por eso. Pero las cosas nunca son tan malas como parecen. Desde que dejé de consumir, todo volvió bastante a la normalidad. A excepción de Dave. Todavía sigo un poco preocupado por él, porque sigue sintiendo que lo podemos cambiar en cualquier momento. Todavía siente que…

-¿Qué no pasó la prueba?

-Sí. No entiendo. Yo trato de halagarlo todo lo que puedo. No soy de halagar muy seguido, en especial en los ensayos. “Hagamos tal tema, hagamos tal otro, hagámoslo de nuevo”. Y listo. Me parece que Dave es de los que a veces necesitan que les en seguridad. Lo noto, por eso trato de hacerlo más seguido.

-¿Así que tienes la sartén por el mango?

-Sí. Les pregunto qué opinan de las cosas. Pero, en última instancia, decido yo. Siempre me siento extraño cuando digo eso; parece egoísta. Pero jamás discutimos. Dave, Krist y yo no nos gritamos. Nunca.

-¿No hay algún asunto por el que hayan tenido una conversación al menos subida de tono?

-Sí: las regalías. Yo cobro todas las de las letras. De las que corresponden a la música, yo cobro el 75 por ciento, y ellos, el resto. Me parece justo. Pero en aquel momento, cuando surgió el tema, yo consumía drogas. Y ellos pensaron que tal vez yo empezaría a pedir más cosas. Tenían miedo de que me volviera loco y empezara a tenerlos a sueldo, y cosas así. Pero ni siquiera entonces nos gritamos. Y repartimos todo lo demás en partes iguales.

-Con todas las reservas que tienes acerca de tocar “Teen Spirit” y de seguir escribiendo el mismo tipo de canciones, ¿vislumbras una época en la que no exista Nirvana? ¿Vas a tratar de hacer las cosas por tu cuenta?

-No creo que alguna vez pueda hacer algo como solista, el Proyecto Kurt Cobain.

-Ni siquiera suena bien.

-No (risas). Pero sí, me gustaría trabajar con gente que sea totalmente, completamente, lo contrario de lo que hago ahora. Algo bien distinto.

-No es un buen pronóstico para el futuro de Nirvana ni para el tipo de música que hacen juntos.

-A eso estuve apuntando de alguna manera en toda la entrevista. A que estamos gastados. Llegamos al punto en el que las cosas se hacen repetitivas. No hay algo a lo que uno aspire, no hay algo que uno pueda desear.

Nuestra mejor época fue cuando se editó Nevermind e hicimos esa gira norteamericana en la que actuamos en boliches. Se agotaban todas las entradas, y al disco le iba muy bien, y había una onda descomunal, una vibración de energía. Pasaba algo muy especial.

No me gusta para nada siquiera decirlo, pero no veo que este grupo dure más que un par de discos más, a no ser que realmente trabajemos mucho con la experimentación. O sea, asumámoslo. Cuando las mismas personas están juntas haciéndo lo mismo, están limitadas. Me interesa mucho estudiar cosas distintas, y sé que a Krist y a Dave también. Pero no sé si somos capaces de hacerlo juntos. No quiero sacar otro disco que se parezca a los últimos tres. Sé que vamos a editar un disco más, por lo menos, y tengo bastante claro cómo va a ser: muy etéreo, acústico, como el último trabajo de R.E.M. Quisiera poder escribir un par de canciones que sean tan buenas como las que escriben ellos… No sé cómo ese grup0o hace lo que hace. ¡Dios mío! Son lo mejor que hay. Resolvieron su éxito a la perfección y siguen ofreciendo una música excelente.

Eso es lo que me gustaría que hiciera nuestro grupo. Porque estamos siempre en la misma. Nos encasillaron. ¿R.E.M. es qué? ¿Rock universitario? Eso no pega. “Grunge” es un término tan potente como”new wave”. De ahí no se puede salir. Va a pasar de moda. Tienes que arriesgarte y confiar en que te acepte un público completamente distinto, o que el mismo grupo crezca a la par tuya.

-¿Y si los chicos dicen: “No nos gusta; tómenselas”?

-Y bueno. (Risas) Que se vayan a la mierda.

 


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